En un día de sol, mira el suelo junto a tus pies. Hay una figura oscura. Es tu sombra. Tiene una cabeza, un cuerpo y dos piernas, pero no tiene cara. Levantas una mano y la sombra también levanta una mano.
La luz viene del sol. Tu cuerpo no deja pasar esa luz. Por eso, al otro lado de tu cuerpo hay una zona con menos luz. La sombra aparece en el suelo o en una pared.
Das un paso a la derecha. La sombra va contigo. Ahora abres los brazos. La figura es más ancha. Si llevas un sombrero, también puedes ver su forma. Una bolsa o una bicicleta tienen sombra por la misma razón.
Cuando el sol está bajo en el cielo, tu sombra es larga. Cuando está más alto, la sombra es más corta. Tu cuerpo no cambia de tamaño: cambia la posición del sol.
La sombra de un árbol también cambia durante el día. Por la mañana apunta hacia un lado. Por la tarde apunta hacia otro. El árbol sigue en el mismo lugar. Para ver un cambio, no siempre tienes que moverte. A veces, solo tienes que esperar.