La prima de Marcos salió de viaje durante una semana y le pidió ayuda con sus plantas. Marcos aceptó. Vivía en el mismo edificio, así que podía pasar después del trabajo. Su prima dejó una nota con los nombres de las plantas y la cantidad de agua que necesitaba cada una.
El primer día, Marcos leyó la nota antes de empezar. En la ventana había dos plantas pequeñas. Junto al sofá había otra más grande, y sobre una mesa encontró una planta con hojas muy verdes. Llevó un recipiente con agua hasta la sala y buscó los nombres en unas tarjetas.
Regó las plantas de la ventana siguiendo la nota. Después se acercó a la mesa. La planta de hojas verdes no tenía nombre. Tampoco aparecía en la lista. Marcos pensó que faltaba un nombre en la nota, pero prefirió preguntar antes de echar agua. Le mandó una foto y esperó la respuesta.
Su prima respondió con varios dibujos de caras sonrientes. Aquella planta era de plástico. No necesitaba agua ni estaba en la nota. Marcos tocó una hoja y lo entendió. Desde lejos parecía una planta de verdad, pero de cerca era bastante diferente. Dejó el recipiente en el suelo y se rio de su primera impresión. Después regó la planta del sofá, como indicaba la nota.
Durante la semana, volvió los días señalados en la nota. Una tarde, su prima le preguntó cómo estaban las plantas. Marcos mandó fotos de las de la ventana y de la que estaba junto al sofá. Después fotografió la planta de plástico. Debajo escribió: «Esta sigue igual. Es la más fácil de cuidar».
Al regresar, su prima le dio las gracias y le ofreció una planta pequeña para su casa. Marcos miró las hojas antes de aceptar. Los dos se rieron. Ella añadió una tarjeta con el nombre y las indicaciones de cuidado. Esta vez, Marcos estaba seguro: la planta era de verdad.