El mes pasado, Camila viajó a Cartagena con su hermano. Ellos tomaron un vuelo desde Bogotá por la mañana. Cuando llegaron, el calor era fuerte pero agradable.
Primero, caminaron por la ciudad amurallada. Las calles tienen casas de colores brillantes. Camila tomó muchas fotos de los balcones con flores.
Después, entraron a una plaza pequeña con música en vivo. Un grupo tocaba cumbia y la gente bailaba en la calle. El hermano de Camila probó una arepa de queso, pero a ella le gustó más un jugo de maracuyá frío.
Por la tarde, fueron a la playa cerca del centro. El mar estaba tranquilo y el agua estaba tibia. Ellos nadaron un rato y después descansaron bajo una palmera. Un vendedor pasó con mango picado y sal, y Camila compró dos bolsas para compartir.
Por la noche, cenaron pescado frito con patacones en un restaurante cerca del mar. Escucharon el sonido de las olas mientras comían.
Al día siguiente, visitaron el castillo de San Felipe. Subieron muchas escaleras y vieron toda la ciudad desde arriba. El guía contó historias sobre los piratas antiguos, y Camila aprendió mucho sobre la historia de Cartagena.
Antes de volver a Bogotá, compraron artesanías en el mercado y un sombrero vueltiao para su padre. El viaje fue corto, pero los dos lo disfrutaron mucho. Cartagena les pareció una ciudad alegre y llena de color, y ya quieren volver el próximo año.